11 marzo, 2008

Avellaneda y yo


Viernes 23 de agosto

"Le quise dar una sorpresa. Me puse a esperarla a una cuadra de la oficina. A las siete y cinco la vi acercarse. Pero venía con Robledo. No sé que le diría Robledo; lo cierto es que ella se reía sin trabas, realmente divertida ¿Desde cuándo Robledo es gracioso? Me metí en un café, los dejé pasar y después empecé a caminar a unos treinta pasos detrás de ellos. Al llegar a Andes se despidieron. Yo entré en un cafecito(…) Estaba agitado, nervioso, intranquilo. Sobre todo, fastidiado conmigo mismo. Avellaneda riéndose con Robledo. Avellaneda lejos de mí, Avellaneda riéndose por su cuenta(…)
Pagué el cortado que no tomé y me encaminé hacia el apartamento. Llevaba conmigo un vergonzante temor a su silencio, sobre todo porque sabía de antemano que aunque ella no dijese nada, yo no iba a investigar ni a preguntar ni a reprochar. Simplemente iba a tragarme la amargura, y, eso sí era seguro, a comenzar una era de pequeñas tormentas sin desahogo. Tengo una particular desconfianza hacia mis épocas grises. Creo que me temblaba la mano cuando hice girar la llave de la cerradura. “¿Cómo llegaste tan tarde?”, gritó desde la cocina, “Estaba esperándote para contarte la última locura de Robledo. Qué tipo! Hacía años que no me reía tanto". Y apareció en el living con su delantal, su pollera verde, su buzo negro, sus ojos limpios, cálidos, sinceros. Ella no podrá saber nunca de qué me estaba salvando con esas palabras. La atraje hacia mí y mientras la abrazaba, sentí que el mundo empezaba de nuevo a girar, sentí que podía relegar otra vez a un futuro lejano, todavía innominado, esa amenaza concreta que se había llamado Avellaneda y los Otros. “Avellaneda y yo” dije despacito. Ella no entendió el porqué de esas tres palabras en esa precisa oportunidad, pero alguna oscura intuición le hizo saber que estaba aconteciendo algo importante. Se separó un poco de mí, todavía sin soltarme, y reclamó: "A ver, decilo otra vez". "Avellaneda y yo", repetí, obediente. Ahora estoy solo, de vuelta en casa, y son casi las dos de la madrugada. De vez en cuando, nada más que porque me da fuerzas y me entona y me afirma, sigo repitiendo: “Avellaneda y yo” ."
LA TREGUA, Mario Benedetti.

No es la primera vez que me ocurre. Ya me pasó después de ver Con faldas y a lo loco. No quería ver más películas porque ésa era LA película. También tuve esa sensación cuando escuché Famous blue raincoat, con el primer poema que leí de Luis García Montero y cada una de las noches que duermo a tu lado. Ya no quiero más. Es esa sensación de tenerlo todo, cuando todo cabe en un instante, en un verso, una escena, una caricia...Estos días he leído La tregua y ya no sé que más leer. De momento voy a empezarlo de nuevo. Y cuando lo termine, lo volveré a leer. Y después lo leeré otra vez.

16 comentarios:

UnaExcusa dijo...

Qué bueno un re. Una re-lectura. Una re-caricia. Un re-verso a verso... Una noche dormida a su lado que vuelve y que vuelve y que vuelve y es distinta cada vez. Como los poemas, como los libros.

Adúlter dijo...

Ya contarás.
A mi también me dejó tocado en su --ay-- lejano momento.
Pero las noches ¿ves? esas admiten (y hasta reclaman) repetición. ;)

Balcius dijo...

También a mí me pasó. Necesitaba ese libro y la curva de su felicidad, de su tragedia. La curva de su vida, algunas cosas que no se pueden explicar de otra forma que no sea "como en La Tregua".

Clandestino dijo...

Cada día me gustas más.
Tengo "La Tregua" esperando en mi mesilla.
Benedetti siempre fue mi debilidad.

desconvencida dijo...

Es un libro inolvidable, Princesa, sin duda para leer una y otra vez, yo lo he hecho varias veces (es de los pocos libros que releo) y cada vez descubro una emoción nueva, como me ha pasado ahora al leer el párrafo que has seleccionado... Es el libro más emocionante que he leído en mucho tiempo, siempre digo que lo que me gusta de él es que es una historia de amor auténtica, o como las que nos venden por ahí contínuamente (en el cine, en otro libros) cuyos protagonistas son jóvenes y guapos... Avellaneda y Martín Santomé son de VERDAD

Mariano Zurdo dijo...

A Clandestino se lo recomendaron y él me lo recomendó a mí. Y ahora leo tu entrada y creo que ya no hay excusas.
Besitos/azos.

tarta de manzana dijo...

Por ti le daría una oportunidad a Benedetti, a García Montero y hasta a Pedro Guerra. ¿Sería posible pedir más?
Besos sin tregua.

princesadehojalata dijo...

Me has puesto colorada tarta. Gracias también sin tregua. Prueba con este libro, anda. Mariano y Clandestino, cuando lo leais nos contais. Cuidado, puede cambiaros la vida (Desconvencida, Balcius y Adulter saben de lo que hablo)
Una excusa, el libro es un re sostenido en el tiempo.
Besos a todos!

Capri c'est fini dijo...

Hummm me gustan esos bucles interminables de lecturas y la sensación de tener que dejar algo que no quieres cuando lees el punto final. Benedetti es muy buena opción!!!! Besos sinfin

El-imitador-de-voces. dijo...

La Tregua fue un libro que me marco profundamente en mis anos de juvemtud. Fue mi primer acercamiento a Mario Benedetti. Lo releio con el tiempo. De Primavera con una esquina rota, del mismo autor, tome prestado lo de esquina para crear el nombre de mi Email, Esquina02, el unico que he sido capaz de tener por anos y anos.

Abrazo.

princesadehojalata dijo...

Creo que iré a por esa esquina rota, gracias por la recomendación imitadordevoces. Abrazos.

Capri, veo en tu perfil que nos gustan las mismas pelis. En música y libros coincidimos algo menos, aunque me rindo ante ese Serge Gainsbourg que veo en tu quinta línea. Besos.

eva al desnudo dijo...

Un hombre al que amé demasiado me regalo este libro en nuestras primeras citas, después llegó "El lado oscuro del corazón" y así continué descubriendo este mar de sentimientos que hace poco se ahogaron en los pozos del olvido.
Nunca me cansaré de leer este libro una y otra vez.
Un saludo y gracias por este fragmento.

princesadehojalata dijo...

"Un hombre al que amé demasiado" son unas palabras que me gustan tanto como "Ella no podrá saber nunca de qué me estaba salvando con esas palabras".
Dolió mucho Eva?
Gracias por la visita.

Alex dijo...

Leí "La Tregua" por primera vez en marzo del año pasado. Amaya lo recomendó con tanto énfasis que fue el primer libro que "rapté" de la biblioteca oculta de al lado de mi casa. Lo leí en circunstancias muy difíciles y se me pegó. Es un libro que se pega a la piel. la misma edición que muestras en tu posteo. Luego ella me regaló su ejemplar, que guardaba desde niña y que yo guardo como mi mayor tesoro. Luego me contó que vino a Madrid para ver a Benedetti dar una charla un verano de hace algunos años. Y allí se encontró con Dragó (siempre burlón e insolente) y con Ana María Matute que le confió el llenar su taza con whisky y café. Por entonces ese libro ya era especial. Tu posteo me ha hecho evocar. Horror.

princesadehojalata dijo...

Acabo yo también de volver a leer el párrafo de Benedetti, me ha gustado más si cabe. Hoy me gustan las frases aparentemente intrascendentes que dicen tanto. Como:
- ¿Desde cuando Robledo es gracioso?
- Avellaneda riéndose por su cuenta.
- Pagué el cortado que no tomé.

Y ésta, muy seria: Tengo una particular desconfianza hacia mis épocas grises.

Oh. Dices horror en el post de Avellaneda. Lo siento. Evocar no debería ser malo, eso pensaba yo antes. Qué ingenua.

Respuesta a un post anterior y a otro posterior: - Si, claro.

Alex dijo...

Evocar puede ser malo cuando te retrotrae a épocas felices que no volverán. Entonces te sientes pequeño e impotente.

Leí el libro divido en dos libros. El primero, el raptado de la biblioteca que te comenté (la misma edición de Catedra que ilustra tu posteo) y las últimas treinta páginas en el ejemplar que ella me regaló. Modo extraño de leer. Así son las cosas ahora.