05 julio, 2009

De toda la vida

"Cada día te recuerdo con una complicidad arrasadora. Una complicidad inexplicable que parece provenir de más tarde, de muchas cosas que no nos han pasado."

El viajero del siglo, ANDRÉS NEUMAN


Hace tiempo que sé de la capacidad del hombre para amoldarse a las situaciones más adversas con rapidez. Lo que está siendo nuevo es lo contrario. Desde hace un mes m
e siento a tu lado y me dan ganas de hablarte de aquel viaje que hicimos juntos hace diez años, cuando faltaba tanto tiempo para encontrarnos. De la noche que pasamos tumbados en la arena contando estrellas de gominola. De aquel día de verano en que nos quedamos en casa y vimos Cosas que nunca te dije y cuando la peli se acabó bajaste corriendo a buscar helado y lo comiste sobre mi ombligo. Y mi sonrisa mientras lo hacías.
Recuerdos falsos, tan verdaderos como una vela soplada de madrugada, el instante decisivo del que hablaba Cartier Bresson, por fín lo entendí. El momento del suave calambre que sube desde el ombligo justo en el instante en que formulas una pregunta tan tuya, tan de niño, tan: ¿pido un deseo?.

Y un rato después en la radio Nena Danconte canta es que no entiendes que en la vida, princesita, también hay que aprender a ganar. Y me quedo pensando...

21 junio, 2009

Al borde del abismo

"Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la vida de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad" El palacio de la luna, PAUL AUSTER


Tú, que no me preguntas dónde vivo,
mereces la respuesta más que nadie:
no hace falta buscarme en lo profundo
del bosque, ni a la orilla de algún lago
donde flotan cadáveres hinchados,
ni en las húmedas grutas, ni en las cumbres
donde hay flores de azúcar o de hielo.
Estaré donde quieras contemplarme
por detrás de tus párpados cerrados.
Allá donde tus ojos me den alas.

AMALIA BAUTISTA



He descubierto recientemente que con las alas pasa como con el pelo, que vuelven a crecer aunque te las corten. Tú me miras con tus ojos, me coges en el aire y ya no necesito nada más. Tú.

10 junio, 2009

Sevilla y feria con mariposas

Un lugar para quedarse

El mar rojo

Con vistas a La giralda


Libertè, egalitè, sexualité de Carlota Huelva

Encadenados a Sevilla

Pizpireta Maruja Torres

Christina

El lápiz del carpintero


Han vuelto, entre otras cosas, las ganas de hacer fotos. Las mariposas las tengo por dentro y todavía no sé como fotografiarlas. Pero lo haré.

28 mayo, 2009

Cicatrices

Cualquiera que se haya acercado por este mundo de hojalata sabe que aquí entre otras cosas, se recuerda.

Algunas veces se recuerda para quedarse en un lugar que hubo y ya no existe. No conviene. El recuerdo puede subir por los pies y enredarse entre las piernas causando un dolor intenso y bastante dulce. La melancolía es la felicidad de estar triste dijo Victor Hugo. La tentación de quedarse ahí puede ser grande. La cicatriz será fea y dolerá toda la vida. Queloide, se llama.

Puede también recordarse para vaciar el recuerdo de sí mismo. Recordar una y otra vez, como ese anuncio que pensé dejar aquí hace un tiempo: Vendo recuerdos desgastados por el uso.

Pero un día una mira al cielo y está azul y decide devolver al recuerdo su valor, no para golpearse contra él sino precisamente para olvidarlo como se olvidan las cosas que no se mueven de su sitio. Dejarlo guardado ahí, donde se va a quedar para siempre. Recuerdos acomodados. Recuerdos de días horizontales con fuegos artificiales a lo lejos y la sensación de que allí también nos estaban celebrando. O aquel momento en que...


Queda para mí.


Ya no vendo recuerdos. No quiero vender ninguno y si algún día encontraste un recuerdo mío y te vestiste con él, te pido que me lo devuelvas.


Mis heridas han cicatrizado bien. Ahora las acaricio, tengo que ser yo quien lo haga. Y compruebo que ya no duelen, que su relieve va disminuyendo y su color se parece cada día más al de la piel normal. Además están dejando una huella que nunca querré borrar porque ya no necesito hacerlo.


18 mayo, 2009

Primavera con una esquina rota

Mario Benedetti, foto de Daniel Mordzinski


Ha tenido que ser ésta, precisamente ésta, la primavera más fría que recuerdo, la que tenía que terminar con una esquina rota. Mario Benedetti ha muerto. Y pienso que me hubiera encantado acercarme a él hoy y darle las gracias al oído y un beso.
Benedetti fue uno de los primeros poetas que leí, si no el primero, el culpable de haberme hecho enfermar de literatura, enfermedad dulce como lo son las que sabes que no van a matarte. Una dolencia que incluye su propio tratamiento, siempre he pensado que la poesía debería venderse en las farmacias. Leí sus poemas, los guardé en lugar seguro y hace poco tiempo conocí parte de su prosa. La tregua -Avellaneda y yo- es desde que lo leí uno de mis libros favoritos. Mario Benedetti, poeta uruguayo, mi abuelito literario, hoy me hubiera gustado abrazarle. Gracias maestro.

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría

12 mayo, 2009

Déjame entrar


Ése es el título de una película sueca de niños, amor y vampiros. Extraña mezcla que su director Tomas Alfredson hace que funcione de una forma sorprendente, dotándola de lirismo y de unos actores que han nacido para esos papeles. La clave está en que, en realidad, no se trata de una peli de vampiros sino con vampiros. Déjame entrar, ambientada en Suecia a principios de los setenta, fue rodada en blanco nieve y rojo sangre. Y además de esos actores y de la manera particular de contarla, están la banda sonora y ese comienzo en el que vemos una cortina de nieve cayendo despacio en silencio, un acierto más del director que nos avisa así de que ésa no es otra película de vampiros.

Gente distinta. Marginados a los que no se les permite entrar, formar parte del mundo de los demás. Personas que sufren porque están solas y hace frío y miran a las ventanas de las casas ajenas y entonces hace más frío. Un final excelente. El interés en comprender a quien se ama. Eso es lo que vemos en esta película. Niños que se quieren y hablan en morse a través de las paredes.
Los vampiros de esta peli sufren y se enamoran de la manera en que lo hacemos los humanos. No mucho ni poco, sino inevitablemente.

Déjame entrar, todavía en (algunos) cines, se recomienda ir abrigado. Que la disfruten.



05 mayo, 2009

Instancia general


Al Sr. administrador del tiempo. Departamento de bienestar social:

¿Podría usted eliminar del calendario los domingos por la tarde?