10 noviembre, 2009

Tensa espera



La plaza tiene una torre,
la torre tiene un balcón,
el balcón tiene una dama,
la dama una blanca flor.
ha pasado un caballero
-¡quién sabe por qué pasó!-,
y se ha llevado la plaza,
con su torre y su balcón,
con su balcón y su dama
su dama y su blanca flor.

ANTONIO MACHADO


Esta isla tiene un faro, ese faro tiene unos apuntes, esos apuntes los lee una princesa, esa princesa viste hojalata. Ha pasado una oposición, y se ha llevado isla, faro, princesa, apuntes y hojalata. Y cuando acabe todo, dentro de un mes y un poquito, y ya no haya apuntes y el tiempo vuelva a ser para ella y para Él, para su país de dos, entonces volverá la princesa, la de hojalata, y les contará que, al parecer, y lo dice muy bajito por si acaso, nota un cosquilleo en las tripas que alguien muy sabio ha diagnosticado como síntoma inequívoco de felicidad...se imaginan?

29 septiembre, 2009

Pequeñito




Explicar lo que es la luna a un niño de cinco años -explicar lo que es la luna de verdad: un satélite de la tierra...- es un acto criminal. Los que hemos tenido la suerte de saber que la luna era el espejo donde se miraba la Encantada de las Praderas, o un plato de leche donde los gatos muertos van a beber, somos más felices y hoy vemos en ella, todavía, cosas que no verá ningún astrónomo.

XUAN BELLO


A child said What is the grass? fetching it to me with full hands. /Un niño me dijo: ¿qué es la hierba?, mostrándome las dos manos llenas.
How could I answer the child? I do not know what it is any more than he./¿Qué podía responder yo al niño? Yo no sé, como él, qué es la hierba.

WALT WHITMAN



Leo estos días a Walt Whitman junto a un niño de dos años y medio que insiste en que es pequeñito en un tiempo en que todo el mundo quiere ser grande. Mientras él cuenta manzanas, que son verdes, y fresas, que recoge con su abuelo, pienso en el día en que pueda hablarle de la luna, que es un palacio y te contiene a ti, que abres galletitas chinas buscando la respuesta, sin saber todavía que la respuesta a mi pregunta eres tú.

15 septiembre, 2009

¿Hay que salvar al suicida?



Hace años el artista Isidoro Valcárcel Medina ideó, dentro de su proyecto Arquitectura prematura, una propuesta arriesgada que no consigo quitarme de la cabeza. La torre de los suicidas se trataba de una construcción arquitectónica con una altura suficiente para asegurar la muerte del que desde ella se tirara. Su torre incluía varias estancias como una sala para familiares, un quirófano y una UVI para los casos que hubieran ido mal.

Los casos que hubieran ido mal.


Por supuesto la propuesta era demasiado escandalosa como para llevarse a cabo. Se me ocurren mil motivos para estar en contra de su construcción, y también alguno para estar a favor. Hay gente que se suicida sin querer, que se le va la mano en lo que pretendía ser una llamada de atención, un estoy aquí y necesito ayuda. Incluso un os vais a enterar. Hay otros que están deprimidos o son esquizofrénicos y es su enfermedad mental lo que les lleva a tratar de matarse. No hablo de esas personas, sino de otro grupo de gente que sé que existe y que quiere quitarse de en medio porque vivir, simplemente, no es algo que quiera seguir haciendo. Suicidarse es un acto de supremo egoísmo o la consecuencia de una inmensa soledad que impide seguir adelante. Por lo que sea. Con razón o sin ella.

Cuando alguien se suicida muere más de una persona. El suicida rompe otras vidas ¿Es esa razón suficiente para no matarse? ¿Es motivo para tratar de salvar la vida de esa persona? ¿Deberíamos dejar en paz al suicida, acompañarle a la torre, llorar su pérdida? ¿Podríamos hacerlo?

Me hago esta pregunta muchos días en mi trabajo, al mismo tiempo que indico un lavado gástrico, 50 gr de carbón activado y 30 de sulfato...

Y me doy cuenta de que no sé la respuesta.

Dice Isidoro Valcárcel que las obras de Arquitectura prematura son proyectos que se limitan a poner a las claras la evidencia y que necesitarían, para ser viables, otra época y otra mentalidad, es decir, son prematuros.

02 septiembre, 2009

Septiembre en agosto


Mira septiembre nada se ha perdido

con fiarnos de las hojas.
La juventud vino y se fue, los árboles no se movieron
El hermano al morir te quemó en llanto
pero el sol continúa.
La casa fue derrumbada, no su recuerdo.
Mira septiembre con su pala al hombro
cómo arrastra hojas secas.

La vida vale más que la vida, sólo eso cuenta.
Nadie nos preguntó para nacer,
¿qué sabían nuestros padres? ¿Los suyos qué supieron?
Ningún dolor les ahorró sombra y sin embargo
se mezclaron al tiempo terrestre.
Los árboles saben menos que nosotros
y aún no se vuelven.
La tierra va más sola ahora sin dioses
pero nunca blasfema.
Mira septiembre cómo te abre el bosque
y sobrepasa tu deseo.
Abre tus manos, llénalas con estas lentas hojas,
no dejes que una sola se te pierda.

EUGENIO MONTEJO

A veces se cumplen 15 años en 2 horas. La primera hoja de septiembre llegó un 30 de agosto. La guardo en mi mano. No aprendí nada, sólo sentí el vértigo del dolor más intenso que pude haber sufrido en mi vida. Y me asusté. Me asusté tanto que todavía lo estoy.
Hace dos días el bosque se abrió y lo cruzaste conmigo. Dar un paso detrás de otro, contigo a mi lado, fue la única forma de atravesarlo.
Ya no quiero bosques sin ti. Tampoco septiembres ni cumpleaños.

Se supone que hoy iba a hablar de los treinta y tantos, de cumplir los años de uno en uno y no así de golpe. El poema iba a ser otro. Sabrán disculparme.

21 agosto, 2009

Huérfana de Fisher

"La verdad y las relaciones no hacen la vida mejor, la hacen posible", A dos metros bajo tierra


Es viernes 21 de agosto, son las 22:30 h y acabo de quedarme huérfana de Fisher. Durante un mes, huyendo del calor en una habitación casi a oscuras, he seguido las idas y venidas de la familia Fisher en la serie
A dos metros bajo tierra y he crecido.

Los Fisher tienen una empresa que se dedica a embalsamar cuerpos y a recibir familias rotas mientras ellos mismos tratan de llevar adelante sus vidas. A lo largo de 5 temporadas vemos a esta familia sumergida en un montón de problemas que cada uno resuelve como puede. Los personajes principales son: Rutthie, madre anacrónica, vulnerable y contradictoria a partes iguales, Nate, idealista y empático, que vuelve a casa y abre las vidas de todos los demás, David, el personaje más traumatizado, no por el hecho de ser gay pero también, Claire, la artista, tan parecida a mi propia hermana pequeña, Brenda, compleja, inteligente y por ello perdida y unos cuantos secundarios (Keith, Rico, Billy, Sarah, George...) inolvidables.

Una serie que te recuerda que uno es quien es y no quien cree o quiere ser, y que es con eso que es, con sus grandezas, miserias y contradicciones con lo que tiene que manejarse en la vida. Y no sólo te lo recuerda, es que te entran más ganas de hacerlo! Por lo menos a mí me ha pasado.

Son las 22:50 horas y se me han muerto los Fisher. Y este brindis va por ellos.

20 julio, 2009

Sin vistas al mar

Mujer sentada, con la espalda vuelta a la ventana abierta. MATISSE


Ponerse de espaldas al mundo. Alojarse en una habitación con vistas al mar y no acordarse de mirarlo. Escucharte decir que no es fuera donde está pasando la vida, que la vida sobre todo pasa en esa habitación tan llena de ti de mi de nosotros.

Tenerte bajo mi techo. Tocar el cielo con los dedos.


Felices vacaciones. Tengan cuidado ahí fuera.

05 julio, 2009

De toda la vida

"Cada día te recuerdo con una complicidad arrasadora. Una complicidad inexplicable que parece provenir de más tarde, de muchas cosas que no nos han pasado."

El viajero del siglo, ANDRÉS NEUMAN


Hace tiempo que sé de la capacidad del hombre para amoldarse a las situaciones más adversas con rapidez. Lo que está siendo nuevo es lo contrario. Desde hace un mes m
e siento a tu lado y me dan ganas de hablarte de aquel viaje que hicimos juntos hace diez años, cuando faltaba tanto tiempo para encontrarnos. De la noche que pasamos tumbados en la arena contando estrellas de gominola. De aquel día de verano en que nos quedamos en casa y vimos Cosas que nunca te dije y cuando la peli se acabó bajaste corriendo a buscar helado y lo comiste sobre mi ombligo. Y mi sonrisa mientras lo hacías.
Recuerdos falsos, tan verdaderos como una vela soplada de madrugada, el instante decisivo del que hablaba Cartier Bresson, por fín lo entendí. El momento del suave calambre que sube desde el ombligo justo en el instante en que formulas una pregunta tan tuya, tan de niño, tan: ¿pido un deseo?.

Y un rato después en la radio Nena Danconte canta es que no entiendes que en la vida, princesita, también hay que aprender a ganar. Y me quedo pensando...