08 octubre, 2007

Basado en hechos irreales

Ángela Matas era una autora de éxito. Reconocida también por sus compañeros, era uno de esos extraños casos en los que público y crítica suelen estar de acuerdo. Claro que hacía mucho tiempo que eso había dejado de importarle.
Solía tardar unos seis meses en escribir una novela, pero en esta ocasión llevaba más de ocho y no parecía estar dispuesta a encontrar un final para su historia.
Como casi siempre, aquel día Ángela se sentó a escribir alrededor de las cuatro. Y continuó la novela en el punto donde la había dejado la noche anterior:

“Aquel invierno estaba resultando especialmente duro para Lucas. Sin un duro en los bolsillos, no podía disfrutar de la vida nocturna de Barcelona y si no encontraba trabajo pronto ni siquiera podría pagar el alquiler de su apartamento. Llevaba más de dos horas de aquella fría mañana deambulando por las calles, intentando recordar que era lo que quedaba de su sueño. Tenía el sitio, un local en el Raval que quedaría bien después de una reforma, pero necesitaba que su tío por fin se decidiera a ayudarle. Eso era lo que peor llevaba Lucas, haber tenido que recurrir a su tío. Nunca olvidaría la sonrisa condescendiente que le dedicó cuando tuvo que ir a pedirle dinero para poder montar el estudio de pintura. Tuvo que morderse la lengua para no escupirle encima. En ese momento Lucas pasó por delante de un restaurante chino y decidió entrar a comprar algo para comer…”

-Eh, eh, para el carro, Ángela!
-¿Qué pasa?
-Pues que estoy harto, eso pasa.
-Pero, ¿por qué estás tan cabreado Lucas? Me extraña verte así…
-Mira, llevo ya más de doscientas páginas en este libro y…
-Y?, qué quieres, ¿que deje de escribir sobre ti, o qué?
- No, no es eso, la verdad es que nunca me habían hecho tanto caso…
-Entonces, ¿qué te pasa?
-Es que verás…yo no sé si a los lectores les va a interesar esto...
-¿Insinúas que estoy haciendo mal mi trabajo?
-No, no es eso… pero… creo que se van a aburrir, siempre con eso del estudio…
-¿A qué te refieres? Ese era tu sueño, ¿no? Te recuerdo que por eso te mudaste a Barcelona hace 3 meses.
-Ves, pues no, ese no era mi sueño! me interesa montar un estudio, ganarme la vida con eso, pero joder…yo lo que quiero es lo que quieren todos los tíos de mi edad, conocer a una chica, enamorarme, ya sabes…
-Ah, o sea que es eso: el chico quiere su cuento de hadas.
-Si, es eso. Exactamente eso. Llevo tres meses aquí y mi vida social es prácticamente inexistente. En más de doscientas páginas casi no he hablado con una tía.
-¿Cómo que no? El otro día hice que te encontraras con tu vecina Iris en la calle.
-Si, qué lista! me invitó a cenar, joder Ángela, y me obligaste a decirle que no!
-Mira Lucas, que tú te enamores no entra en los planes de esta novela. Lo siento, pero es lo que hay. La única historia de amor en este libro va a ser la de Miguel y Claudia. Y no hay más que hablar. Venga, ahora vuelve al restaurante.

Ángela se quedó muy triste después de la discusión con Lucas. Ya no tenía ganas de seguir escribiendo así que apagó el ordenador. No entendía cómo podía ser tan desagradecido. Ella le había dado todo, un nombre, un carácter, un pasado…y lo mejor de todo, estaba dispuesta a escribirle un buen futuro. Pensaba hacer una serie de libros con ese personaje, ya lo había decidido. Y él no la valoraba en absoluto. Pero no, por ahí no pasaba, nada de amores, no podría soportarlo. No pensaba regalarle un cuento de hadas. No quería ver a Lucas con otra. A Ángela se le llenaron los ojos de lágrimas. Cerró el portátil y decidió salir un rato a pasear para despejarse.

Mientras tanto, Lucas había llegado a su casa. Estaba furioso después de la charla con Ángela. Ella seguía sin entender nada. Pero eso no iba a quedar así: cogió el teléfono y buscó en su bolsillo el papel arrugado donde había escrito el teléfono de su vecina, que había guardado para llamarla por si cambias de opinión, le había dicho ella sonriendo. Marcó el número y quedó con Iris en que iría a cenar esa misma noche.
A las nueve en punto Lucas tocaba el timbre de casa de Iris dispuesto a disfrutar de esa parte de su vida que, sencillamente, no entraba en los planes de Ángela.

Ángela encendió su ordenador al día siguiente a las cuatro de la tarde. Lo que encontró allí la dejó es-tu-pe-fac-ta. Lucas dormía desnudo en la cama de Iris. Para ser más exactos: Lucas dormía desnudo en la cama de Iris CON IRIS. Por el suelo había varias prendas de ropa y dos copas de champán. Ángela no podía creer que Lucas hubiera traicionado su historia de esa forma. ¿Qué podía hacer ahora? La novela tenía que acabar ya. Comenzó a escribir:

“…Cuando Lucas se despertó, comprendió que todo había sido un error. Esa chica alemana ni siquiera le había gustado. La cena estuvo bien, pero enseguida se dio cuenta de que no tenían nada de qué hablar. Ella era guapa, eso era cierto, pero ahí terminaba todo su atractivo, así que una vez hubo renunciado a conseguir de ella algo más que una noche de sexo, decidió emborracharse y dejarse llevar. Iris no era de las que prefieren tomárselo con calma, desde luego. Terminaron haciendo el amor más porque se sentían en la obligación de hacerlo que por otra cosa.”

No, eso no era suficiente, su historia no podía quedar así. Además, no se sentía aliviada en absoluto. Borró lo escrito y comenzó de nuevo:

“…Lucas se despertó con un fuerte dolor de cabeza. Se juró a sí mismo que no volvería a beber. Apenas recordaba nada de la noche anterior, ni siquiera estaba seguro de haberse acostado con Iris. Recordó que entre sueños había oído un sonido de llaves y una voz masculina que parecía discutir con Iris. Entonces se dio cuenta de que la cama estaba mojada y al encender la luz comprobó que las sábanas estaban empapadas de sangre. A su lado, en el suelo, yacía el cadáver de Iris. Justo en ese momento oyó las sirenas acercándose, y casi al mismo tiempo, dos agentes de la policía nacional entraban en la habitación apuntándole con sus armas.”

11 comentarios:

NoSurrender dijo...

si quieres, me ofrezco para introducirme en la novela y seducir a Iris, eh.

Mariano dijo...

No vale sacar magníficas fotos y escribir tan bien. Decídete por una de las dos o el resto de los mortales nos enfadaremos y dejaremos de respirar.
He dicho. XD
Besitos/azos.

Clandestino dijo...

Me mola mucho.
Me ha recordado un montón de cosas mías.
Esto es tuyo Princesa??

princesadehojalata dijo...

Yo también te quiero Mariano :)

Si, es mío (y de Ángela, como me oiga...), lo escribí para un taller dónde nos pedían un diálogo entre personajes. Iris es alemana pero vivió mucho tiempo en Noruega. De eso hablaron durante la cena, mientras Lucas se enamoraba de ella.

No surrender, estaría bien que entraras,Iris mecere la pena aunque Ángela no quiera ni verla. Y está claro que Lucas necesita un amigo (parece majo, no?)

Clandestino dijo...

No me digas eso, Princesa...

francisco aranguren dijo...

Me gusta la idea de que -si en la vida hay un guión- podamos arriesgarnos a saltárnoslo, aunque alguien nos condene luego por ello a penas mayores (penas de sangre). De momento, me quedo con el "no vayas de santo" de tu foto del post anterior. No existe un guión para quitar al hombre lo que de humano tiene (que es enfrentarse al papel en que se le quiere encasillar). Lucas quiere vivir otra historia, aunque le cueste su papel. Besos.

princesadehojalata dijo...

Eso es. Todos tenemos el derecho y el deber de vivir nuestra historia, de ser fieles a nosotros mismos. Aunque nos cueste el papel. Eso me ha gustado mucho Patxi. Besos gordos.

Angéline dijo...

Princesiña, tengo pendiente leer este post y el siguiente, pero no me olvido. A partir de mañana todo vuelve a ser cotidianamente distinto ya. Tremendo. Y volveré a disfrutar con tu blog. Un beso

koolauleproso dijo...

Sencillamente genial, ¡Qué talento!. te envidio.Quisiera poder escribir así. Acabo de descubrir este rincón, de casualidad, y pienso frecuentarlo asiduamente, que lo sepas

princesadehojalata dijo...

Angéline, hadiña, hasta en tus palabras se nota esa sonrisa brillante. Cuánto me alegro.

Koolaleproso, exageraoooo! Gracias y bienvenido.

Angéline dijo...

Conozco esa sensación y también he lidiado con mis personajes a veces. Todavía hoy me remuerde algo la conciencia, haber hecho "desaparecer" a la primera familia de Carl en Kosovo. Jessie me echó en cara una vez también, haberla reducido a vivir su "show de Truman" particular. En fin, les volvemos locos y ellos a nosotros. Yo, por aquello de que es tan uhmm... siempre acabo enzarzándome con Darthois. Qué bueno lo que escribiste, Princesiña. Qué genial, fuerte y claro. Sabía que me había perdido algo valioso. Aplauso, beso y abrazo. Te los mereces.