11 abril, 2010

Los pingüinos de Herzog





"Existía un bosque, allá en la Europa vikinga, al que acudían los ancianos que habían dejado de ser útiles para la comunidad. Sabían aquellos viejos que Odín, también llamado Dios de los Ahorcados, sólo les admitiría en el Gran Banquete si morían en combate o si, habiendo alcanzado la edad crítica, se apartaban voluntariamente del camino. Así que se adentraban esos hombres en la espesura, anudaban las sogas a las ramas y se dejaban caer con el orgullo de quien no titubea siquiera ante la Muerte. Dicen las crónicas que nadie descolgaba jamás sus cuerpos y que los cientos de cadáveres allí presentes, elevados todos unos centímetros por encima del suelo, constituían el paisaje más desolador, amén de poético, que uno pueda imaginar en el universo suicida. Sabemos hoy que aquel lugar, perdido por siempre en la noche de los tiempos, no era otro que los bosques de Upsala."
Los bosques de Upsala, Álvaro Colomer

Werner Herzog lo deja claro al inicio del documental cuando afirma que ésta no es otra dichosa película de pingüinos. Lo cierto es que Encuentros en el fin del mundo, surgida a partir de un encargo que consistía en filmar la fauna y flora de la Antártida, no es sólo una película sobre pingüinos pero a ellos les debe Herzog uno de los momentos más bellos de ese documental. Por no hablar del cocinero cineasta, el filósofo que maneja una pala mecánica o el lingüista que trabaja como informático y que opina que “todos los que no tienen ataduras terminan en el culo del mundo”, personajes que viven al margen en su propio bosque de Upsala y por lo tanto, ciudadanos del universo Herzog.

10 comentarios:

Bel M. dijo...

Un pingüino walseriano. Hermoso y terrible, ese lanzarse a caminar hasta la muerte (y además no va despacio, precisamente).
Un abrazo, princesa.

desconvencida dijo...

Qué gracias, habéis coincidido Alex y tú en post Herzoguiano :D....

Este documental es uno de los más curiosos que he visto nunca, totalmente recomendable...

Tarta dijo...

Herzog hizo también una maravillosa película o documental sobre osos hace un par de años: Grizzly Man. Seguro que la has visto.

Herzog siempre me recuerda a uno de mis escritores favoritos, Bruce Chatwin.

princesadehojalata dijo...

Lo he visto Tarta, es un documental magnífico, Herzog consigue una aproximación a un personaje extraordinario y nos permite llegar a entenderlo.
Te remito al posteo de Alex, como señala Amaya: http://xpuedosaltarcharcosx.wordpress.com/2010/04/11/como-jack-london-debio-sonarlo/
Así es Bel, un pingüino decidido, de eso no hay duda.

Besos a los tres.

Irreverens dijo...

¡Cuán bello y estremecedor al mismo tiempo!

No sé qué tienen los pingüinos, que me tocan mucho la fibra...

Un beso, Princess. Y gracias por el vídeo.

Fructus dijo...

No sé si este Werner Herzog es el mismo que dirigía a Kinski en Fitzcarraldo. Vi la película hace mucho tiempo en la sala del museo de Bellas Artes de Bilbao, en plan arte y ensayo, ya que la peli se salía de la norma comercial. Quizás este pingüino reproduce la excentricidad de aquel Klaus de entonces, y en lugar de surcar barcos por colinas pretenda atravesar la antártida en solitario. Tocar y volver, como hacíamos con la última tapia del cementerio. Quizás si se le analiza la sangre se le encuentre un gen humano que le obligue a despuntar hacia la singularidad. O quizás sea el hastío que le produce la manada y la horda que le lleve al suicidio. O que no aguante a Herzog como director al igual que K.K. En todo caso una pena.
Un saludo Princesa. Recalo en tus páginas traído por el eco de las de Angeline. Espero que me aceptes.
Fructus

Alex dijo...

Las entrevistas a todos esos personajes lejos de cualquier mundo. Herzog desatado. El tipo que dice ser descendiente de la jerarquía maya porque sus dedos índices son más largos de lo habitual; el tipo ruso con la maleta siempre hecha; el filósofo ahora maquinista y el científico que estudia a los pingüinos y que, aislado del mundo, casi ha olvidado cómo se habla con otro ser humano. Está incómodo en presencia de Herzog. Le cuesta hablar. Su hábitat son los pingüinos. Pingüinos suicidas que deciden correr hacia la montaña en lugar de hacia el mar. Y un tipo, buceador, que asegura que nunca ha visto un lugar tan terrible como la Antártida y que jamás volverá allí. Pero lo mejor queda para el final, ese mensaje grabado a navaja en la madera: "Empapados de felicidad".

francisco dijo...

Supongo que el filósofo no será un mero licenciado en filosofía: estos se dedican a dar clase. La verdadera filosofía, libre de ataduras, debe ser posible manejando la pala excavadora en mayor medida que leyendo libros y más libros, en los que cada autor refuta a todos los anteriores. La pala es acción, lo mismo que el guiso marinero es cinematográfico. Cocinar o manejar una pala: un hacer mecánico, que permita que el pensamiento siga su camino libremente. Es un trabajo que no hipoteca el alma. En cambio muchos otros sí lo hacen. Besos, princesita.

princesadehojalata dijo...

Irre, a mí también me atraen los pingüinos, creo que es por esa mezcla de elegancia en el porte y torpeza al caminar. Un beso!

Fructus, bienvenido a mi mundo, sí que es una pena lo de Herzog, eres convencible? dale una (otra) oportunidad! Me ha gustado eso de tocar y volver. Qué recuerdos.

Si, Alex! el de los Mayas es el mejor! Un documental conmovedor, imprescindible. Beso de 10 horas.

Bueno Francisco, todo depende del uso que cada uno haga de su pensamiento. Los trabajos mecánicos pueden también acabar por anquilosarte. Pero de acuerdo en lo de echar a volar el pensamiento cocinando, aunque lo de cocinar no lo veo nada mecánico, a veces el resultado final es pura intriga! Un beso.

Hosting y Dominios dijo...

Que bonita historia, que bonita especie, realmente hermosa única y espectacular.