29 febrero, 2008

Volver

Mickens, Aloïse Corbaz

Aloïse Corbaz fue una artista cuya obra pertenece al movimiento artístico que ha sido calificado como Art brut. Aloïse era esquizofrénica y por lo tanto (según los libros) vivía desconectada de la realidad, en otro mundo.

En ese otro mundo delirante había un castillo, caballos, joyas y un príncipe que la amaba. La mayor parte de sus cuadros hacen referencia a esa vida en la que Aloïse era una princesa de cuento que lo tenía todo. Hay mucho color, corazones, cuerpos abrazados...

Vivió desconectada de esa realidad de la que hablan los libros. Se inventó otro mundo en el que era feliz. Y se quedó a vivir en él para siempre, con su príncipe, sus joyas, sus caballos y su castillo. Y lo hizo de forma bastante real.

Hoy escuchaba en la radio a un enfermo mental que definía la locura como "la acumulación de tristeza y pobreza de la niñez, que un día explota". Si es cierto, si Aloïse explotó de tristeza, me alegro de que no quisiera volver. Y me alegro de que eligiera pintar su vida con lápices de colores.

Aloïse no volvió, se quedó con su príncipe, lo pintaba de azul.

ANEXO:

Volver (según los libros):

(Del lat. volvĕre).
1. tr. Dar vuelta o vueltas a algo.

~se alguien loco.
1. loc. verb. Perder el juicio, privarse de la razón.
*2. loc. verb. coloq. Manifestar excesiva alegría, o estar dominado por un afecto vehemente.

~loco a alguien.
1. loc. verb. Confundirle con diversidad de ideas aglomeradas e inconexas.
2. loc. verb. coloq. Envanecerle de modo que parezca que está sin juicio.
3. loc. verb. coloq. Gustarle muchísimo.
**4. loc. verb. coloq. Producir en él una gran pasión amorosa.

Aloïse se volvió loca según la segunda acepción*. A mí tú me vuelves loca según la cuarta acepción**. Algunas veces los libros tienen razón.


05 febrero, 2008

Llevaba besos


Ella, que es el remite, conoce el destino. Por eso cuando vuelve a casa sola y es tarde y le duelen los pies de tanto bailar y va vestida de cabaretera y un desconocido le para y le pide un cigarrillo y no tiene y le pide fuego y no lleva y le pide entonces un besito de buenas noches, ella, decía, se marcha sonriente, porque sabe que besos si lleva, claro que lleva, y hasta el desconocido entiende en ese momento, a pesar del alcohol, del cansancio, de la noche, que esos besos no son para él.

Unos kilómetros más al oeste Él, que duerme tranquilo en su cama, nota un cosquilleo en los labios en el mismo momento en que ella, ya en casa, le escribe otro beso.

Mientras tanto un
hada envuelve un regalo.